lunes, 25 de febrero de 2013

ICECREAM FACTORY


Me derrito por ti


Fotos:  Jhonel Rodriguez

Amo los helados, pero siempre me llega el antojo de noche. Soy bien contreras, deben saberlo; así como también deben saber esta historia: a finales del 2002 se abrió un paraíso de la frescura y el color, en medio de una zona transitada de San Isidro y para un público inquieto que buscaba novedad. Se trata de Ice Cream Factory, una heladería con una filosofía artesanal, de buena presentación y  a un precio lo bastante justo para matar el calor.

La marca fue recomendada por mi amiga Ana Maria Coronado, experta en el tema de sistemas de inocuidad alimentaria (AMCN Soluciones), así que más segura que nunca, llamé a Max Yaji, creador de esta propuesta, y me explicó todo el background de sus helados.

Helado de cheesecake de saúco
“Comenzamos con 35 sabores aproximadamente, pero en total fabricamos cerca de 120, los que han ido rotando en el tiempo (….) De acuerdo al estudio, la gente prueba un par de veces un nuevo sabor, pero siempre regresa a los clásicos como la maracuyá, lúcuma o la fresa”, me dijo. 


En mi caso, siempre pido y re-pido lo más raro de la lista, así que me aventuré por el de lúcuma con trozos de brownie, fresa-chirimoya-guanábana y el de chocolate cuzqueño (chocolate con canela); además de probar un poco el de maracuyá y el de chocolate belga. Ricos, cremosos y con la ausencia de colorantes e ingredientes industriales.

Me quedé con antojos de probar los milkshakes batidos con helados, los batidos calientes (hotshakes), el de baileys y el pisco sherber (la más borracha), que es la receta de un helado ácido (maracuyá o limón) más el aguardiente bandera. Pero esa experiencia se merece otra cita obligada.

El espacio es pequeño, pero lo suficientemente cómodo para quedarse allí un buen rato; y si están de paso -entre las 2 y 5 de la tarde- pues agréguenle a su tiempo unos 8 minutos adentro del local, ya que a esas horas la demanda crece. El precio es de S/5.50 (una bola) para arriba.

DETALLE
Dirección: Av. Conquistadores 395-San Isidro
Teléfono:2222633
Horario de atención:de 10am a 10pm

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Colorin colorado: postre terminado


Preparar un postre es como escribir un cuento, con sus tres respectivas partes: ingredientes (inicio), preparación (nudo) y el emplatado (desenlace), siendo este último el que determinará el éxito de la receta. Mientras que algunos optan por adornar con muchos detalles, otros mantienen un estilo más sencillo; en cualquier caso jamás deberán producir un choque de sabores o malos contrastes. Sin embargo, para decorar un plato no es necesario haber estudiado en grandes escuelas, solo se necesita tener un poco de criterio.

El emplatado, que en términos culinarios significa el decorar el plato de comida para una adecuada presentación de tal forma que sea simpática a la vista y que deja carta libre al pastelero para expresar una cocina creativa.

Esperado final

Por lo general, cada repostero(a) adopta un estilo peculiar: el arte barroco en la repostería moderna, por ejemplo, es el que lleva una fiesta de detalles pomposos y más adornos alrededor, lo que logrará el giró de cabeza de muchos golosos o también el rechazo de un comensal causal, esto lo convierte en un arma de doble filo. No hay que excederse.

De otro lado, el estilo clásico es aquel que usa la receta original, sin ninguna variación, pues busca rescatar las raíces del postre, logrando trasladar a las personas a otras épocas con tan solo un bocado. Otra importante cualidad es lo sencillo del decorado, en el que normalmente se usan trozos de fruta o un poco de coulis para acompañar.

En cambio, el estilo moderno trata de romper esquemas, las recetas ya no son las mismas, han sufrido grandes variaciones en cuanto a ingredientes y técnicas; además, han sido creadas nuevas herramientas para simplificarnos el trabajo. Y ni que decir del decorado: ahora se presentan los detalles muy elaborados ya sea de modo natural o de manera molecular.

Para no olvidar

Un buen ejemplo de repostería clásica es el que realiza Osvaldo Gross del Canal Gourmet, sencillo y fresco; mientras que en el Perú esta Sandra Plevisani con un estilo más moderno y muy barroco, que tiene como firma su famoso rulo de caramelo.

Si lo que se busca es impresionar usando cualquiera de estos estilos, se debe tener en cuenta lo siguiente:


  • Elegir primero el plato adecuado, con el fondo neutro. Para los postres calientes conviene uno redondo, mientras que para los fríos pueden usar los rectangulares o cuadrados.

  • Para la decoración: de preferencia solo adornar con elementos naturales y/o artesanales -nunca artificiales- por cuestiones de salud.

  • Los colores: en una torta nunca deben presentarse más de cuatro colores, mientras que en un helado los colores son los que darán vida a este postre infantil.

  • Si lo que desean es darle elegancia y no están muy seguros de qué usar, pueden optar por las frutas de temporada en trozos regulares o por las flores, muchas son comestibles y dan el toque de frescura a los postres cálidos.

    Hasta el más mínimo detalle puede marcar la diferencia. No hay moraleja para esta historia, solo un detalle final: dejarse llevar por la creatividad, mucha gente lo agradecerá.

domingo, 13 de septiembre de 2009

BANQUETES AQUELLOS: ¡A SOBARSE EL ESTÓMAGO!

'Banquetes los que se daban en la antigua Grecia', que razón tiene esta frase. Esas reuniones que se propiciaban entre grandes señores y sus amistades sí merecen estar registrados en los libros de los grandes acontecimientos, ya que no era cuestión de satisfacer el hambre, sino de llenarse hasta decir basta, y por si esto fuera poco, no duraba una noche, sino días de abundancia en la mesa.

Los anfitriones de entonces tenían fama de derrochadores, el dinero dedicado a los banquetes equivalía el presupuesto que se usaba para comer por todo un mes. Actualmente los banquetes se ofrecen en bodas, quinceañeros, aniversarios t eventos religiosos, pero esto no se acerca en lo más mínimo a las costumbres de entonces, creadas por los espartanos.

Entre batallas

Los agasajos en Grecia se daban sobretodo cuando los soldados regresaban de la guerra, triunfo o derrota, la mesa estaba siempre bien servida para acompañar la charla o los planes que tejían. Comían y bebían, comían y bebían de manera inmoderada, hasta llegaron a crear un templo a la diosa de los grandes apetitos en Silicia, siendo Herodoto y sus hombres los grandes inventores de este ritual.

La entrada de en estos banquetes eran unas bolitas fritas hechas de harina, luego las frutas y finalmente las carnes; se comía 3 veces al día; el desayuno consistía en pan remojado en vino y la comida más abundante se daba en la cena, bebían en copas de oro, y descansaban en camas de plata. Crónicas relatan también que el rey Darío ofrecía carne de zebra, avestruz, gacela, y antílope.

¡Qué tiempos aquellos!

Cada una de las culturas, griega y romana, se caracterizaban por sus grandes banquetes; la primera preparaba sus platos de manera sencilla, solo sancochaban o freían los alimentos mientras que la segunda tenía exceso de condimentos. Una modesta opinión sería el haber juntado la mesa de ambos para tener un equilibrio en los sabores, eso si justificaría la exagerada ingesta.

Todas esas eran formas de demostrar el poder, la filosofía era pasarla bien solo comiendo, riendo y durmiendo; aunque por tener placer se incite a cometer el pecado de la gula.